Despido improcedente por imagen

Despido improcedente por imagen

Despido improcedente por imagen

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid. avala la decisión de una trabajadora de negarse a ir maquillada a trabajar y anula el despido impuesto por negarse a trabajar maquillada. La empresa imponía sus empleadas el requerimiento de ir a trabajar maquilladas. Imponer como requerimiento para el trabajo la exigencia de ir maquillada constituye una lesión del derecho fundamental a su propia imagen. Así lo entiende el Tribunal Superior, que declara nulo el despido disciplinario de la trabajadora que se negó a maquillarse.

La empleada, que fue contratada con carácter eventual para realizar tareas de ayudante de dependienta, fue avisada en diversas ocasiones por la empleadora para que se maquillara, llegando a ser sancionada mediante amonestaciones por escrito, considerando que su negativa a maquillarse incumplía la normativa de imagen personal.

Según argumentó la empleadora, de las normas internas de la empresa, que incluyen hasta 14 recomendaciones, se desprende la obligación de acudir al trabajo maquillada. Concretamente uno de esos preceptos señala que: “el maquillaje de las trabajadoras debía ser lo más discreto posible, consiguiendo dar una imagen limpia y cuidada”. La empleadora afirmó que la trabajadora conocía y estuvo de acuerdo con estas normas internas y recomendaciones, pero que, sin embargo, se negó reiteradamente a maquillarse.

Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia rechaza que de ello se pueda desprender una obligación de ir pintada a trabajar y, además, apunta que la actuación de la empresa, imponiendo semejantes exigencias, constituye una clara lesión del derecho fundamental de los trabajadores a su propia imagen (Constitución Española art. 18.1), ya que supone una total e injustificada intromisión en su libertad para mostrar su propia imagen personal. A pesar de lo que afirma la empleadora y la empresa, el Tribunal señala que la normativa interna no exige que la trabajadora deba ir maquillada a trabajar.

En la sentencia se subraya también el hecho de que el despido no se debió en ningún momento a una falta de los códigos de conducta o de vestimenta, ya que no se señala que la trabajadora hubiese ido a trabajar mal vestida, vestida de forma incorrecta (haciendo uso de prendas poco adecuadas o fuera de lugar), ni que lo hiciera sin asearse o con graves faltas de higiene personal. El despido se debió simplemente a la negativa de la empleada a usar maquillaje, un aspecto relacionado con la imagen básica de la empleada, lo que implica una lesión contra la imagen de la trabajadora.

El Tribunal sin embargo, fija la indemnización por daños morales en 300 euros, ya que señala que no hay un verdadero daño moral en la trabajadora y que se necesita algo más que vulnerar un derecho para considerar el daño moral, ya que la trabajadora no aportó ni alegó las bases y elementos clave que justifiquen ese daño moral adecuadamente.

La polémica sobre la apariencias y la vestimenta de las trabajadoras viene siendo un tema habitual en los juzgados. Recientemente el Tribunal Superior de Justicia de Madrid falló también a favor de una trabajadora que fue suspendida durante seis meses de empleo y sueldo al negarse a vestir con el uniforme de la empresa por considerarlo sexista y alegar que atentaba contra su dignidad. En concreto el juicio giró en torno al uso de tacones, por lo que el Tribunal señaló que: hacer distinción del calzado que usan hombre y mujeres supone adoptar una actitud discriminatoria con las trabajadoras, ya que no aporta ningún beneficio, más bien al contrario, puede acarrear problemas de salud.

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